El libro de la estupidez

El libro de la estupidez

Me siento menos estúpido cuando leo libros. Recientemente leí: «Historia de la estupidez humana», de Paul Tabori, psicoanalista y prolífico autor húngaro. El libro fue publicado originalmente en 1951 bajo el título de: «The Natural Science of Stupidity».

«Este libro trata de la estupidez, la tontería; la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales; los mentecatos, los novatos y los que chochean; los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy».

Con dosis de humor e ironía, el autor busca, por un lado, una visión rigurosa y científica del tema, pero fundamentalmente, ilustra la estupidez humana a lo largo de los siglos, al recopilar historias de todas las épocas. El libro es una excelente fuente de consulta sobre la veta estúpida de los grandes temas, y estructura los capítulos según aspectos como la codicia, el ceremonial y los títulos, la ignorancia, la magia, el amor, la religión, la burocracia, la administración de la justicia. Siempre, con una escritura culta y basado en una impresionante bibliografía.

Paul Tabori demuestra que: «la estupidez es el fértil suelo donde madura la cosecha de la superstición y del engaño». Una tragedia del mundo que conviene tomarse con humor: «Entre las dos guerras en Europa Central existió un insulto favorito, que adoptaba la forma de una pregunta. Solía preguntarse: “Digame… ¿duele ser estúpido?” Desgraciadamente, no duele. Si la estupidez se pareciera al dolor de muelas, ya se habría buscado hace mucho la solución del problema. Aunque, a decir verdad, la estupidez duele… sólo que rara vez le duele al estúpido».

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