Escucho música todo el tiempo, de todo tipo y color. Pero más que nada escucho metal, todos los géneros asociados y subgéneros. Me gusta leer sobre lo que escucho.
Leyendo sobre música llegué a Zeal & Ardor, una banda que experimenta con distintas tradiciones y sonidos, y ha producido una discografía muy interesante. Es un proyecto del multiinstrumentista Manuel Gagneux, que desafiado a combinar black metal y música afroamericana, crea Zeal & Ardor.
Su primer disco, Devil Is Fine (2016), te atrapa desde el primer momento con su sonido de cadenas, mezclando gospel, elementos electrónicos e industriales, guitarras distorsionadas e interpretaciones vocales más propias del metal. Suena innovador.
El segundo, Stranger Fruit (2018), suena menos experimental pero también más consistente. Conceptualmente continua la idea del álbum anterior: qué pasaría si los esclavos afroamericanos hubieran rechazado el cristianismo y adoraran al diablo.
En 2022 lanzan el tercero, el disco homónimo gracias al cual conocí a la banda. Mantiene elementos de su identidad musical, pero tiene un sonido más pesado, más industrial. Me parece un álbum perfecto, la apoteosis de su extraña creación.
El disco más reciente es Greif (2024): más rico en matices y melodías, ecléctico, aunque menos impactante que los predecesores. Menos sorpresivo, pero también un muy buen disco.
Leyendo sobre Zeal & Ardor me entero de que el título Stranger Fruit refiere a un poema de Abel Meeropol, convertido en canción por Billie Holiday, contra el brutal racismo de principios del siglo XX en Estados Unidos. Abel era un inmigrante judío ucraniano que quedó impactado por una fotografía que registraba el linchamiento de negros en el Sur del país: «Southern trees bear strange fruit/ Blood on the leaves and blood at the root/ Black bodies swinging in the southern breeze/ Strange fruit hanging from the poplar trees».
Sonidos e historias, para seguir leyendo sobre música y escuchando sobre lo que leemos.